La deuda no se explica con una sola cifra
En un artículo reciente planteé que la deuda pública, la evasión fiscal y los subsidios forman parte de los factores estructurales para el crecimiento del endeudamiento en la República Dominicana. Además sugerí que ningún proyecto de nación puede hablar seriamente del futuro sin explicar cómo financiará sus compromisos, cómo administrará sus obligaciones y cómo garantizará estabilidad económica.
En los últimos días, he podido leer las declaraciones de los economistas Haivanjoe Ng Cortiñas y Juan Ariel Jiménez quienes han colocado nuevamente la deuda pública en el centro del debate nacional. Ambos han presentado sus análisis utilizando cifras oficiales, y sus preocupaciones merecen ser examinadas con rigor.
Sin embargo, un análisis económico responsable exige observar el fenómeno completo.
En economía, una cifra puede ser verdadera y, al mismo tiempo, insuficiente para explicar toda la realidad.
El aumento absoluto de la deuda: un dato real, pero incompleto
Haivanjoe Ng Cortiñas ha señalado que el Gobierno del Partido Revolucionario Moderno (PRM) registra el mayor incremento absoluto de la deuda pública desde 2004.
Según su comparación, basada en el saldo recibido y el saldo acumulado en cada administración, la deuda aumentó de la siguiente manera:
Gobierno de Leonel Fernández (2004-2012): US$12,875 millones.
Gobierno de Danilo Medina (2012-2020): US$19,715 millones.
Gobierno del PRM (2020-mayo 2026): US$28,817 millones.
De acuerdo con la Dirección General de Crédito Público, la deuda del Sector Público No Financiero pasó de US$39,178 millones en agosto de 2020 a US$67,995 millones en mayo de 2026.
El dato es real.
Pero la pregunta económica no termina ahí.
El aumento absoluto responde a una pregunta: ¿cuánto aumentó la deuda?
La sostenibilidad fiscal exige responder otra: ¿qué capacidad tiene el país para pagar esa deuda?
La deuda debe medirse junto al tamaño de la economía
Los organismos internacionales, incluyendo el Fondo Monetario Internacional (FMI), no evalúan la deuda únicamente por su monto nominal. También consideran variables como:
Deuda como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB).
Pago de intereses.
Crecimiento económico.
Perfil de vencimientos.
Capacidad de generar ingresos.
Acceso a los mercados financieros.
La razón es sencilla: una economía más grande puede asumir mayores niveles de deuda que una economía más pequeña.
Por eso, comparar solamente dólares acumulados sin observar el tamaño de la economía produce una interpretación incompleta.
El dato deuda/PIB cambia la interpretación
El propio análisis de Haivanjoe Ng Cortiñas reconoce que la relación deuda/PIB pasó de 47.8 % en 2020 a 48.3 % en 2026.
Esto indica que, aunque el saldo nominal de la deuda aumentó significativamente, el crecimiento del tamaño de la economía permitió que la relación deuda/PIB experimentara una variación mucho menor que el incremento absoluto de la deuda.
Esto no elimina el desafío fiscal.
Pero obliga a incorporar un elemento fundamental: la capacidad productiva del país para responder a sus obligaciones.
La deuda no se mide solamente por cuánto aumenta, sino también por la capacidad económica que existe para sostenerla.
El destino del endeudamiento: una discusión necesaria
Juan Ariel Jiménez ha planteado cuestionamientos sobre el destino de los préstamos contratados durante esta administración.
Según las cifras expuestas por el economista en sus declaraciones públicas, una parte importante del endeudamiento estuvo relacionada con:
“El financiamiento del déficit fiscal, el pago de deuda anterior y ajustes contables”, representando 56 %, 51 % y 3 %, respectivamente.
Este señalamiento abre una discusión necesaria: ¿para qué se utilizaron los recursos obtenidos mediante préstamos?
Pero también exige otra pregunta: ¿en qué contexto económico se produjo ese endeudamiento?
Entre 2020 y 2023, la República Dominicana enfrentó circunstancias extraordinarias:
- La pandemia del COVID-19.
- Caída de ingresos fiscales.
- Incremento del gasto sanitario.
- Protección de empleos y hogares.
- Inflación internacional.
Aumento global de las tasas de interés.La mayoría de los países aumentaron sus niveles de deuda durante ese período.
Por tanto, interpretar el endeudamiento requiere analizar también las circunstancias que lo rodearon.
Refinanciar deuda no significa necesariamente gastar más
Una parte del debate se concentra en que una proporción de los préstamos fue utilizada para pagar obligaciones anteriores.
Sin embargo, refinanciar deuda es una práctica habitual en los Estados modernos.
Los gobiernos sustituyen vencimientos antiguos por nuevas emisiones para administrar su perfil financiero, reducir riesgos y organizar sus obligaciones.
La pregunta técnica no es simplemente si se refinanció deuda.
La pregunta es: ¿cuál es el costo de esa deuda y si su trayectoria futura es sostenible?
El problema fiscal dominicano es estructural, no coyuntural
La discusión sobre la deuda pública dominicana no comenzó en 2020.
El país arrastra desequilibrios históricos:
- Déficits fiscales recurrentes.
- Presión del sector eléctrico.
- Rigidez del gasto público.
- Necesidades crecientes de inversión.
- Limitaciones en la recaudación.
- Evasión tributaria significativa.
Los estudios de brechas de cumplimiento de la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) muestran importantes niveles de incumplimiento tributario en diferentes impuestos.
Por eso, reducir el debate de la deuda exclusivamente a una administración limita la comprensión del problema.
La deuda es consecuencia de desequilibrios acumulados durante años.
El servicio de la deuda: la preocupación correcta
Haivanjoe Ng Cortiñas plantea una preocupación válida: más deuda significa mayores compromisos futuros por concepto de intereses y amortizaciones.
Ese es uno de los grandes desafíos de cualquier gobierno dominicano.
Una política fiscal responsable debe procurar:
Mayor eficiencia del gasto público.
Incremento de los ingresos del Estado.
Reducción de vulnerabilidades estructurales.
Crecimiento económico sostenido.
La deuda puede mantenerse manejable, pero nunca debe dejar de ser una prioridad nacional.
Los mercados también evalúan la economía
La sostenibilidad fiscal no depende únicamente del debate político interno.
Los mercados internacionales observan:
Capacidad de pago.
Estabilidad macroeconómica.
Manejo fiscal.
Política monetaria.
Confianza institucional.
La República Dominicana ha mantenido acceso al financiamiento internacional y estabilidad macroeconómica, aunque enfrenta retos fiscales que deben ser atendidos.
La respuesta que necesita el PRM-Gobierno
La defensa de una gestión económica no debe consistir en negar la realidad.
Negar que la deuda aumentó sería un error.
La respuesta técnica debe reconocer cinco elementos:
1. La deuda aumentó en términos absolutos.
2. Ese aumento ocurrió dentro de un contexto internacional extraordinario.
3. La relación deuda/PIB tuvo una variación limitada.
4. El país conservó acceso al financiamiento.
5. Persisten problemas estructurales que requieren soluciones de largo plazo.
La deuda será una prueba para los candidatos
Como he planteado anteriormente, un aspirante presidencial que no hable de deuda, evasión y subsidios no está presentando una visión completa del país.
La discusión responsable no consiste solamente en señalar cuánto debe el Estado.
Consiste en explicar:
¿Cómo se financiará el desarrollo?
¿Cómo se reducirá la dependencia del endeudamiento?
¿Cómo aumentarán los ingresos públicos?
¿Cómo será más eficiente el gasto?
La deuda no debe convertirse en un arma electoral.
Debe ser tratada como un tema de Estado.
Los datos necesitan contexto
Los planteamientos de Haivanjoe Ng Cortiñas y Juan Ariel Jiménez aportan elementos importantes al debate nacional porque parten de cifras oficiales.
Pero una evaluación académica exige incorporar todas las variables.
Los datos muestran que la deuda aumentó.
También muestran que la economía dominicana mantuvo crecimiento, una relación deuda/PIB relativamente estable y acceso a los mercados financieros.
La verdad económica no está en una cifra aislada.
Se encuentra en el análisis completo de los datos, el contexto y las consecuencias.
En economía, un número puede contar una parte de la historia.
Solo el análisis integral permite comprender la realidad completa.
POR JAVIER FUENTES
Politólogo. Licenciado en Teología, con estudios en Administración Pública y análisis socioeconómico.
Máster en Escritura Creativa y Máster en Derecho y Relaciones Internacionales.
Fuentes de referencia:
Dirección General de Crédito Público, Ministerio de Hacienda.
Banco Central de la República Dominicana.
Dirección General de Impuestos Internos (DGII).
Fondo Monetario Internacional (FMI).
Banco Mundial.
CEPAL.
