¿Por Qué Estoy Jugando para la República Dominicana?
Anécdota para recordar al abuelo de Manny Machado.
18 de marzo 2025
Por Manny Machado
Abejón News. – Cuando yo era pequeño, mi abuelo me despertaba a las seis todas las mañanas para darme un vaso de leche tibia. Él tenía un régimen muy estricto. Se levantaba a las cuatro todas las mañanas y se dormía a las seis todas las noches. Traerme la leche en la mañana era simplemente parte de su rutina.
A esa edad, yo odiaba la leche. Pero ahora… es divertido pensar en cosas así cuando eres mayor. Esas pequeñas cosas que te molestaban tanto, se convierten en tus recuerdos favoritos.
La mayoría de mis partidos de béisbol cuando era joven eran en la noche, y como mi abuelo se dormía a las seis todas las noches, no tuvo muchas oportunidades de verme jugar.
“Si tú quieres ser un gran jugador y llegar a ser profesional algún día, tienes que saber cómo tocar la pelota. Si no sabes tocar la pelota, nunca vas a llegar a las grandes ligas.”
“O.K. Abuelo, buenas noches”
Luego me iba a dormir. Y veía a mi abuelo otra vez a las seis de la mañana cuando me traía mi leche.
Mi abuelo es una de las razones por las que me enamoré del béisbol, porque él amaba tanto el deporte. El creció en la ciudad de La Vega, en República Dominicana y él siempre deseó que yo jugara en la liga invernal para su equipo favorito, los Tigres del Licey. Él quería que yo jugara en las grandes ligas porque siempre fue mi sueño y también porque ayudaría a mi familia a vivir una vida mejor, pero él también quería que yo jugara en Dominicana si tenía la oportunidad o que representara a Dominicana de alguna forma.
Pero estoy triste que mi abuelo ya no está para poder verme.
Cuando llegamos a Texas y entramos al vestuario, habían dejado comida en mi armario: arroz con habichuelas, pollo, plátanos… comida de la buena. Le pregunté a uno de los que trabaja en el vestuario para quien era la comida. Me dijo que para mí. Y le pregunte quien la había traído. El cual me hizo considerarlo como mi papá.
En el 2009, cuando yo tenía 17 años, jugué para el equipo de Estados Unidos en los juegos Panamericanos porque el equipo Dominicano no clasificó. Ganamos 8 partidos sin perder, ganando la medalla de oro, y fue una de las mejores experiencias de mi vida. Pero este año, cuando decidí jugar en otra competencia internacional, el CMB, tenía mi mente hecha en jugar con la Republica Dominicana.
Pensé en mi mamá, ella está muy orgullosa de ser Dominicana y es una fanática del béisbol. Ósea, ella está loca. A veces le tengo que decir que pare de ver béisbol porque eso es todo lo que hace. En la temporada baja, siempre me quiere hablar de béisbol, y yo tengo que decirle “Mamá, es la temporada baja, no quiero hablar de béisbol.” Ella siempre ha amado el deporte.
Mi tío Gio, también me enseñó a dirigir la pelota cuando bateo, por accidente. Digo “por accidente” porque si había algo que yo odiaba hacer cuando practicábamos, era recoger todas las pelotas después de una ronda de bateo. Tomaba demasiado tiempo, y me tocaba agacharme una y otra vez por todo el campo. Así que empecé a intentar batear la pelota al mismo sitio todas las veces para que fuera más fácil recogerlas después, y me volví bastante bueno en hacer eso.
Y claro, cuando pensé en la oportunidad de jugar por la Republica Dominicana, pensé en mi abuelo.
Unos meses después, mi abuelo murió a los 82 años. Era noche buena del año 2009, justo antes que empezara mi última temporada de bachillerato. Nunca me pudo ver jugar esa última vez. Tampoco estuvo cuando cumplí mi sueño de ser seleccionado en el draft el verano siguiente. No estuvo cuando debuté en las Grandes Ligas. Hasta el sol de hoy y en todos los partidos que juego, cuando entro al campo por primera vez, me agacho y escribo las iniciales F.N. en la tierra.
Hago esto para recordarme que, aunque él no esté ahí para verme jugar, él siempre está a mi lado.
Cuando llegó el momento, no tenía que tomar ninguna decisión. No había ninguna forma en la que pudiera rechazar la oportunidad de representar a la Republica Dominicana en el Clásico Mundial de Béisbol. Está en mi sangre. Quiero hacerlo por mi madre, por mi tío y por todos los que me han ayudado en mi carrera.
Pero más que nada, quiero hacerlo por mi abuelo.
Honestamente, si él estuviera aquí para verme jugar en el Clásico Mundial de Béisbol, no creo que pudiera describirlo con palabras. Y eso estaría bien, porque la única palabra importante cuando me ponga la camiseta será la del país en el pecho – Dominicana –.
Gracias, Abuelo.
Esto es por ti.
Manny Machado…
