Hace unos años, el mensaje era claro: estudiar aseguraba un buen futuro. Pero el mundo ha cambiado y, si se escucha a José Elías, ese consejo ya no sirve. El empresario catalán, dueño de La Sirena y presidente de Audax Renovables, asegura que el mercado laboral está girando hacia una lógica impensable hasta hace poco: los trabajos que nadie quiere hacer, aquellos más físicos, rutinarios o estigmatizados, serán los que mejor se paguen. Y no es una predicción lanzada al aire. “Un fontanero pasará de cobrar 60 a 200 euros la hora”, augura en el pódcast Búscate la vida, donde reflexiona sobre empleo, tecnología y el valor real del trabajo.
Para Elías, el gran cambio ya está en marcha. El mercado, dice, está diseñado para que cualquier persona pueda desempeñar tareas sin experiencia ni formación previa. Pone un ejemplo: alguien que hoy sirve cafés puede estar mañana instalando un tubo en una obra. “El sistema se ha creado para que todo el mundo pueda hacerlo igual”, afirma. La estandarización de los procedimientos ha borrado las barreras entre oficios, y la Inteligencia Artificial amenaza con borrar muchas más. “Se va a cargar el 80% del trabajo”, advierte.
En este nuevo escenario, los oficios manuales, aquellos que requieren presencia, manos, esfuerzo, serán un bien escaso y valioso. “Seguramente los hará gente sin estudios, pero se ganará muy bien la vida”, asegura. Mientras tanto, los empleos que requieren titulación serán más tranquilos… Pero menos rentables. El mercado, según Elías, está recompensando cada vez más lo que cuesta encontrar, no lo que cuesta aprender.
El empresario también lanza una crítica directa a la situación de los autónomos, a quienes define como “la casta más maltratada de la sociedad”. En su opinión, la figura del emprendedor está poco valorada y muy castigada. “No veo a ningún autónomo con derecho de paternidad, ni con jornada de 37 horas y media. Todos trabajan 12 horas y llegan a final de mes sin cobrar, solo para pagar a sus empleados”, denuncia. A pesar de ello, insiste en que es fundamental que existan personas dispuestas a crear empresas: “Alguien tiene que dar curro. Pero si no se valora, ¿quién se va a tirar a la piscina?”
Lejos de los discursos triunfalistas, Elías concluye con una sentencia provocadora: “Te ganas mejor la vida siendo empleado de otro que siendo autónomo”. Un mensaje incómodo para los defensores del emprendimiento, pero que abre una discusión urgente sobre el tipo de sociedad y mercado laboral que estamos construyendo.
