Alofoke-PRM: lo anticipé; ACD-Media lo confirma

Alofoke-PRM: lo anticipé; ACD-Media lo confirma

 

Alofoke penetra en los mismos sectores populares que sostienen al PRM

Hace varios días planteé una hipótesis que muchos consideraron exagerada y que incluso algunos medios rehusaron publicar: que el principal desafío electoral del PRM no necesariamente surgiría de otro partido político, sino de un fenómeno de comunicación con capacidad de penetrar e influir en los mismos sectores populares donde el oficialismo ha edificado su mayor fortaleza electoral.

Advertía que los barrios de las periferias urbanas de la Capital —Capotillo, Gualey, Guachupita, Los Mina, Los Alcarrizos, Herrera, Sabana Perdida, y los de diferentes provincias— experimentan una transformación silenciosa.

Porque en esos espacios, las redes sociales han comenzado a sustituir la intermediación partidaria tradicional, para que los influencers adquieran un nivel de credibilidad y cercanía que antes pertenecía casi exclusivamente a los dirigentes políticos.

Como escribí entonces: “Es en los barrios populares donde las redes sociales han irrumpido con mayor fuerza… Los influencers funcionan como catalizadores de la realidad nacional.”

Esa observación dio origen a una pregunta que hoy cobra mayor relevancia: ¿puede una figura como Alofoke alterar el equilibrio electoral del PRM sin necesidad de convertirse en una opción mayoritaria?

Antes de responder, tenemos que advertir que ningún fenómeno político surge en el vacío.

La desafección crea el terreno ideal

La desafección, la falta de representatividad de los partidos, y la legitimidad es lo que da origen a estos fenómenos políticos, dado que no surge de un vacío.

Para comprender el crecimiento de figuras mediáticas es necesario observar primero el estado de ánimo del electorado.

En el artículo anterior analizamos las encuestas entre 2025 y 2026 que describen un escenario caracterizado por la fragmentación política: PRM: 30–31%; Fuerza del Pueblo: 19–21%; PLD: 18–20%; Ninguno: 52–53%. A ese panorama se suma el 25.3% de ciudadanos que la encuesta de ACD-Media clasifica como indecisos.

Aunque ambas categorías no son idénticas y no deben sumarse mecánicamente, en conjunto reflejan un nivel elevado de desvinculación respecto de las estructuras partidarias tradicionales.

De estas cifras se observa ese ambiente que favorece el surgimiento de liderazgos construidos desde los medios digitales más que desde las organizaciones político-sociales.

Pero teniendo datos más frescos de ACD-Media (7/26), la hipótesis adquiere especial relevancia para el análisis: al ver que 55.6% de los ciudadanos declara no simpatizar por ningún partido político, y solo 44.4% afirma tener alguna simpatía partidaria.

Este hallazgo confirma que más de la mitad del electorado está disponible, sin anclaje emocional ni identitario, para ser influenciado por actores no partidarios.

Es exactamente el tipo de electorado potencial donde Alofoke ha construido su audiencia.

El relevo acelera el cambio

Existe un segundo elemento que fortalece esta interpretación: el crecimiento sostenido del padrón electoral.

En mi análisis anterior proyecté la siguiente evolución basado en datos estadísticos: 2024: 8,145,548 electores; 2026: alrededor de 8.4 millones; 2028: entre 8.6 y 8.8 millones. Esto implica la incorporación de cientos de miles de nuevos votantes, muchos de los cuales consumen información política principalmente a través de redes sociales de video y transmisiones en vivo.

Más que cambiar únicamente el tamaño del electorado, este relevo modifica la manera en que los ciudadanos forman opiniones políticas, eligen referentes públicos y participan en la conversación nacional.

Nuevos datos fortalecen la hipótesis

La encuesta de ACD-Media incorpora un elemento que merece atención.

Entre sus resultados aparece Alofoke con un 6.3% de intención de voto, por encima de dirigentes políticos tradicionales como Carolina Mejía (3.5%), Guido Gómez Mazara (1.0%), Wellington Arnaud (0.6%), Raquel Peña (0.5%), Ramfis Trujillo (0.5%) y otros (2.8%).

Más allá del porcentaje, el dato revela que una figura cuya influencia nació fuera del sistema partidario logra competir en reconocimiento y simpatía con actores políticos de larga trayectoria.

Ese resultado fortalece la hipótesis planteada días atrás: las plataformas digitales ya no solo influyen sobre la opinión pública; comienzan también a disputar espacios que antes pertenecían exclusivamente a los partidos.

Las cifras observadas en conjunto

Al analizarlas por separado, estas estadísticas nos ofrecen información valiosa.

Sin embargo, al examinarlas en conjunto aparece un patrón digno de análisis.

Por una parte, el PRM conserva parte de su principal fortaleza en sectores populares urbanos. Por otro lado, el crecimiento del voto independiente y el peso de las plataformas digitales también se concentran en esos mismos.

A esto se suma un dato crítico: los tres principales partidos exhiben niveles de desconfianza superiores al 43%, según ACD-Media. En el caso del PRM, la cifra asciende a 48.2% de “ninguna confianza”. FP 45.30 y PLD 43.10 muestran patrones similares.

Es decir, la desconfianza es estructural, y ese vacío institucional es el terreno donde una figura como Alofoke adquiere relevancia política.

La coincidencia territorial, generacional y comunicacional explica por qué el fenómeno Alofoke adquiere esta trascendencia incluso antes de que exista una campaña electoral formal para presentar su candidatura.

La disputa no es únicamente electoral

Durante décadas, los partidos competían mediante estructuras “ideológicas”, comandos de campaña, “programas” y dirigentes comunitarios.

Hoy deben competir, además, con algoritmos, transmisiones en vivo, creadores de contenido e influencers capaces de instalar temas nacionales en cuestión de horas.

No se trata simplemente de entretenimiento. Se trata de una nueva forma de intermediación psico-sociopolítica.

Quien domina la conversación pública influye también sobre la percepción ciudadana, incluso cuando no controla una organización partidaria.

El riesgo de la desmovilización

El impacto más importante podría no consistir en transferir votos directamente hacia Alofoke.

Existe otra posibilidad igualmente significativa: la desmovilización del votante blando.

En el primer artículo indicamos que cuando un elector pierde entusiasmo, deja de defender a su partido, reduce su participación política o decide abstenerse de votar, el efecto puede resultar decisivo en una elección cerrada.

En ese sentido, es bueno señalar que, si los funcionarios no defienden al gobierno que los ha privilegiado, ¿qué no harían aquellos que se sienten excluidos?

Por eso, el verdadero desafío para el PRM no consiste únicamente en enfrentar a la oposición tradicional, sino en mantener motivada a una parte de su propia base electoral.

¿Cómo lo harán? Ellos sabrán.

La política está cambiando

La principal conclusión trasciende la figura de Alofoke.

Lo que está cambiando es la forma en que se construye el poder político.

Los partidos continúan siendo indispensables para mantener un orden electivo en los sistemas democráticos, pero ya no poseen el monopolio de la influencia sobre la opinión pública.

La encuesta de ACD-Media no demuestra por sí sola todas las hipótesis aquí planteadas, pero sí aporta elementos que las fortalecen y justifican para seguir observando este fenómeno.

En la política no todos los actores surgen para conquistar el poder. Algunos transforman la conversación pública, alteran los equilibrios electorales y modifican el comportamiento de los votantes para ganar o perder.

Quizá, para concluir, la mejor definición sea esta: Alofoke haría perder al PRM.

 

Por Javier Fuentes

 

Redacción

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