Autobiografía de un objeto: Austin.

Autobiografía de un objeto: Austin.

JAVIER FUENTES.

Vive en el Bronx. N.Y.

Ex Catedrático Uasd.

Politólogo, especialidad en Administración Pública.

Lic. en Teología, especialidad en Consejería Pastoral y Biblia.

Maestría en Escritura Creativa.

Maestría en Derecho y Relaciones Internacionales.

Artículo:

Sí, fue él quien decidió mi nacimiento, de ser por mí hubiese preferido no haber nacido.

No quería hablar contigo de nada y menos de esto. Pero debo decirte y al mismo tiempo advertirte ahora que estás con ellos. Que no tienen sentimientos. Solo nos usan y mucho más cuando quieren presumir.

Espero pongas atención a lo que te escribo:

Todo comenzó en una imprenta que llevaba diez años cerrada en Longbridge, Birmingham, en la primavera del año 1905, debido a unas supuestas ventajas estratégicas para solucionar el problema de la comunicación terrestre, muy difícil, para un animal llamado caballo, dado que este no podía durar varios días corriendo y trotando de lugar en lugar por el hecho de que se cansaba y además tenía que comer hierbas y no había en todas partes.

En medio de tales discusiones por el retraso en los viajes surgió una idea y todos se preguntaron

¿cuál es?

Y él respondió: vamos a crear a Austin a nuestra imágen de deseos, con características diferentes al Buey, al Burro, a la Mula y al Caballo.

Será hermoso, en vez de tener dos, tendrá cuatro, sin estómago, así no comerá y les vamos a poner un motor que solo use electricidad y agua.

También les pondremos un torniquete como palanca giratoria. Y les daremos vueltas hasta provocar combustión logrando el encendido para mover un cajón mediano que será la carrocería.

Tendrá una transmisión mecánica de tres tiempos y un radiador que servirá para la retención de agua y enfriamiento. En donde halla agua, ahí mismo, nos abastecemos y seguimos.

Eso sí, tenemos que llevar una llanta de respuesta y herramientas.

Así nací y empecé una vida la cual no se la deseo ni a ti ni a nadie. Aunque ahora estoy lleno de lujos y salgo en películas. Eso no es más que pura vanidad.

No ves como me tiran por precipicios, me chocan y disparan. Me cortan con una sierra y me ahogan en medio del océano para después ser arrumbado y convertirme en chatarra.

Lo que más me molesta es que las mujeres se quitan sus zapatos y tiran encima de mí, muchas veces, sin bañarse con mal olor a whisky, vino o cerveza, borrachas y me vomitan… uhhh.

¡¡Eso es horrible!!

Pero ellos no se quedan atrás con su pésimo modales; estando también borrachos, me orinan y me embarran de una rara melcocha y dicen con toda arrogancia; «ja……ja….. ja…., somos muy ricos y nos orinamos sobre este carro, mañana sí queremos compramos otro, con suspensiones delante y detrás, reloj, espejo retrovisor y no de vapor.

Debo escuchar a estos fanfarroneando cada vez que están borrachos, engreídos, y así siguen diciendo: “nuevo y con un invento que llaman gasolina que proviene de algo que se dijo en la antigüedad; “Brea”, con la que pegaron los ladrillos de la Torre de Babel y se selló el Arca del anciano Noe. Después de este invento de la gasolina me puedo reír de esta “carcacha».

Ves por lo que mi vida no te la deseo a ti.

Estas personas no tienen sentimientos. No les importó nuestra dedicación y sacrificio. Yo tenía que estar con ellos 24 horas, durante 365 días, sin descanso, lo hice y sin protestar.

Aunque estuviera lloviendo pasaba todo el tiempo afuera, con sol, sereno y/o tormentas lo hice siempre sin reclamar.

Cuando viene un huracán salgo con esta familia a toda velocidad para salvarlas.

¿Eso hago y tú qué crees?

Después de salvarlas, me dejan a la intemperie donde casi me ahogo. Y si al otro día no puedo encender; entonces dicen: «esta muy viejo tenemos que comprar otro y cambiarlo”.

¿Pero no fue a la imagen de sus deseos que me crearon?

Ellos no deberían hacer eso y menos imaginar algo así.

Acaso cuando ellos usan lentes porque no pueden ver o un bastón al no poder caminar y si tienen puesto pamper para no embarrar su trasero. O si el médico les descubre cáncer. Yo no escucho que lo van a botar y lo van cambiar por otro. Ese es el momento cuando mejor los atienden.

Cuando Morris llamó al señor Herbert no era para ayudarme. Sino para sustituirme.

Pero yo valientemente me opuse a sus planes y les dije: a mi nadie me sustituye. Hago bien mi trabajo. Por cierto, muy sacrificado.

Tu oyes y escuchas bien lo que me harán. Así le dije a Morris por metiche. Serán únicamente mejoras para mi cuerpo. Sí, eso mismo, mejoras. Lo que les hacen a algunas mujeres siendo o no actriz y también a algunos hombres “cundango” o no. Eso que usted mencionó: «cirugía».

Quiero que tanto usted señor Herbert y usted señor Morris me hagan cirugía estética y seré yo el que diga que quiero cambiar en mi cuerpo.

En 1932 comenzaron el proceso de cirugía estética en mi cuerpo. Yo en ningún momento me descuide cuando fui llevado a la sala. Vi un pino (car lift), y pregunté:

¿para que es eso?

Y me dijeron para subirlo.

¿Y subirme para qué?

A usted Austin, hay que hacerle un cambio y ponerle bujías, filtro de aceite, válvulas para el líquido de frenos y platinos. También lleva un carburador, un tipo de llantas diferentes y arreglarle algunos cables.

Waoooo….. pues yo aunque anduve por todas partes estaba muy enfermo y no lo sabía.

Así mismo es Austin.

Cuando usted salga de aquí será cómo nuevo. Un carro nuevo.

¡Bueno eso espero!

Recuerdo que también el señor Wolseley se preocupó mucho por mi condición y comenzó a ponerme pitones y otras piezas de motor.

Lo escuché decir: “este será el carro con el mejor de los motores y estará bien anillado”.

Me pusieron espejos en los lados, y un parachoques más fuerte. Ahora todo era con aceite y líquido de freno y de transmisión, así cómo para el timón hidráulico y el motor.

¡¡Yo estaba muy contento!!

Tenía luces en el techo y en varias partes delanteras y detrás. Un timón más pequeño y una palanca de cambios integrada.

Pero cómo dicen algunos; “la felicidad dura poco”.

Había comenzado otra guerra y tenía que ir.

Yo no queria pero me obligaron.

¿Que iba hacer en una guerra?.

Nada, nada que no fuera correr con cada disparo.

Para mi sorpresa. No sabía que los niños eran emocionalmente locos conmigo.

Cuando se enteraron de la noticia que había sido o mejor dicho; que me habían reclutado para ir al campo de batalla. Los niños y los jóvenes se declararon en rebeldía contra sus padres.

Eso obligó a los padres creadores a hacer otros tipos de carros con características superiores.

Yo apenas sabía decir una palabra grosera: «sucia o sucio» y de rabia cuando me vomitaban o orinaban.

Pero los reclamos y los llantos no cambiaron mi destino.

Allí fui a la guerra como todo un carro. Y me enfrenté a todos los fangosos caminos. Tenía que dar entre 20 o 30 viajes. Recorrí cientos de kilómetros al día y lo hice sin quejas llevando pertrechos militares, algunas veces con un calor que derretía el mofle y otras bajo un frío que congelaba mis tornillos.

Pero aún así cumplía mis obligaciones.

En medio de la guerra en 1942 observe algo que me extrañó mucho. No sabía que tenía unos primos llamados Jeep y otros Camiones.

Me sentí muy a gusto al saber que no era errante con una marca en el bonete.

Yo lo llamé: primo Jeep…..

primo Jeep…..

Y no me respondió.

Era un arrogante y fanfarrón, andaba con un color blanco y azul y detrás un verde, sin capota, dos asientos muy sucios.

Y no lo digo por envidia.

También tenía una ametralladora encima.

Y se pavoneaba diciendo:

«Aquí estoy yo”.

¿Dónde estan los aviones?

«Después que llegue no se oyen».

Y bien no había terminado la frase cuando cayó algo del cielo que lo hundió en la tierra.

Yo dije: fuego del cielo. Esto es Sodoma; fue un castigo de “dios” por «blasfemo”.

Nunca se puede menospreciar a “dios”.

En eso llegó el primo camión y me dijo: “pequeño, debe salir de esta área es muy peligrosa para ti”.

Me habló cómo un padre, cosa que Herbert ni Morris nunca habían hecho.

Le obedecí y me fui.

En medio del camino me pito bocinas vociferando: «nos vemos en el hospital de traumatología».

Allí llevaban a los heridos.

Al terminar la guerra los padres creadores tenían dificultades entre ellos.

Pero no sabía que todo ese problema fue por mí. Ambos me entregaron un manual que indicaba cómo yo iba a poder mantenerme sano, tranquilo, sin preocupaciones y bien con todos.

Ahora, Herbert me advirtió que debería tener “cuidado con mis andanzas y lo que consumía».

Tenía que ser prudente.

Morris, en cambio, me dijo: «come todo lo que quieras y puedas. Si quieres amanecer bebiendo gasolina y si andas con ellos de playas en playas, de discotecas en discotecas, hazlo. Si te gusta el aceite o el líquido. No le pare a nada ni tenga miedo.

Y me replicaba: “lo que sucede es que Herbert no quiere que tu conozcas las cosas buenas”.

Él no quiere a nadie. Llévate de mí y no le pare bola.

Yo tenía ambigüedad y no sabía que hacer.

Pero un día triste. Dije déjame coger la de playa. Y allí había distintos carros y el ambiente me encantó con música y bikini.

No sabía que habíamos poblado la tierra. Ahora cada semana voy a la playa y de fiesta. Algunas veces me doy una escapadita a la discoteca. Eso los hacemos muy calladitos Moisés y yo.

En el 2018 en pleno disfrute del verano nos fuimos tres días a recorrer el país. Ya nos habíamos graduado.

Con las nuevas cirugías me habían puesto computadora y localizador GPS, estaba lleno de circuitos. La transmisión era electrónica y con un botón pasaba los cambios. Tenía suspensiones en las cuatro llantas.

Mejores luces -led- para la visibilidad en todo el camino, limpiavidrios delante y atrás. Los asientos para reclinarse eran por botones. También la televisión con YouTube y Netflix para ver todo lo que quisiera y un radio con bluetooth.

Yo estaba nuevo con las cirugías. No había nada por qué preocuparse.

Un día a las 3:00 am, veníamos; Moisés y yo. Él con sueño y yo pasado de tragos de aceite de motor y sin aguas en el radiador.

Pronto comenzó a llover. Y yo a toser y a humear.

Él venía durmiendo y nunca se detuvo. Todo el lujo se perdió cuando choqué con un primo llamado Camión.

Recordé en el hospital de traumatología, la palabra de Herbert: «prudencia».

Desde aquí, (hospital) sin saber cuándo voy a salir.

Te escribo esta autonota de mi vida pasada.

Y solo te pido que tengas prudencia tú también.

FIN.

Quise hacer algo de literatura para que usted coja y deje. Y solo le pido prudencia dentro de la basura del sistema de partidos del cuál pronto veremos su funesta consecuencia.

Redacción

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